martes, 22 de mayo de 2012

Hay demasiada condenada belleza.



Creo que un suicidio elegante es la máxima obra de arte. El día que yo lo hice llevé dos hojas de afeitar a la ducha. ¿Sabes por qué? Porque sabía que, en cuanto empezara a sangrar, me deblitaría. Y no quería soltar una hoja y quedarme a mitad del camino. ¿Puedes imaginarte eso? ¿Puedes imaginar odiar tanto tu vida como para llevar una hoja de repuesto?. Que te diria entonces? Que hay demasiada belleza para renunciar. Hay demasiada condenada belleza.

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