martes, 22 de mayo de 2012

Considerare esto mi última voluntad y testamento.



Cuando me valla tendrán todo para reflexionar y tal vez entiendan porque hice lo que hice. Un pequeño empujón frente a los demás es un trato interesante, en especial cuando sabes que te ocurrirá a ti cada bendito día. Cada bendito día. Y te sientes aliviado cuando sucede, ya que siempre estas expectante por el próximo ataque. No solo te lastiman, hacen que te lastimes a ti mismo. No soportare dos años mas como este. Y mientras más me llaman “Terrorista”, más asuntados están. No saben de lo que soy capaz. No saben lo que puedo hacer. Y luego el santuario… Hogar dulce Hogar. A veces contemplo como podrían haber sido las cosas. Solo desearía ser las personas que ella cree que soy. Los chicos pueden ser las criaturas más rudas del planeta. Ellos pueden simplemente ser súper naturalmente crueles. A veces solo quisieras, solo quisieras llorar. Al final el odio, es lo único real. Puedes dejar de amar a alguien, pero el odio parece estar siempre. La gente respeta el odio. Algunas personas no necesitan un arma para dañarte. Usan palabras o risas o simplemente disfrutan viéndote desangrar. Se divierten viendo como luchas con las lágrimas sintiendo un nudo en la garganta. Y te sonrojas, queriendo llorar. Luego te bautizan. Basurero. Cara de pizza, perdedor, fagot, porquería, nerd, fracasado, retardado. ¿Y sabes qué? El nombre te hace algo. Cambia quien eres. Altera tus moléculas. Y un día te levantas y te miras al espejo y no reconoces lo que ves. Porque… les creíste. Ellos ganan… tu pierdes. Y deseas llorar. Por favor déjenme solo… pero nadie escucha. Porque a nadie le importa. Porque ya no tiene un nombre. Ellos te lo quitaron. Y un día, pronuncian ese nombre. Y escuchas como algo se quiebra. Y comprendes que es lo que debes hacer. Debes recuperar tu nombre. Y debes hacerlo frente a todos porque ahí es donde ellos te lo quitaron. Debes hacerlo para que cada uno de ellos lo recuerde. Eso… es justicia. Y por un momento, solo piensas en una salida. Un arma, una bomba. Justicia instantánea. ¡Ba-Bang! Pero que apuro habrá cuando envuelvan todo con una cinta amarilla. Miles y miles de metros de cinta amarilla. No tendrán suficiente para cuando acabe. Cuando estos pasillos se inunden con ríos de sangre, cuando los pasillos estén saturados de cadáveres y bolsas con cuerpos. Entonces dirás: “¡Que tragedia!”. Que tragedia. Pero posiblemente después de que vean mis cintas no me juzguen tan rápido. Tal vez esa es mi misión en la tierra. Por eso considerare esto mi última voluntad y testamento.

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